¿Bailamos o nos damos plomo?

Encontré hoy este artículo del profesor y director de asuntos gremiales de la Federación de Cafeteros, Señor Carlos Armando Uribe Fandiño y me pareció oportuno publicarlo en este nuestro blog, ya que su lectura  nos lleva en gran medida a la reflexión de lo que muestran la noticias de fin de año y comienzo de este que nos acoge, en particular aquella que se convirtió en polémica gracias a los medios que maneja la oposición, por cuenta de una celebración por parte de los desmovilizados de las Farc.

Y es que este ambiente festivo o de “rumba”, como dicen los seguidores  del Centro democrático, no solo se llevo a cabo en esta zona de adaptación, sino en todo el territorio nacional y si vamos a hablar del café, en todas las fincas y pueblos cafeteros que la componen que por cuenta del conflicto no lo hacían en sana paz como si ocurrió este año que finalizó. El ambiente de alegría y tranquilidad se convierte en motivo de celebración y eso es tan natural como el café.

A lo que yo agregaría el famoso jingle de una de las marcas de café más reconocidas del país: “Tomémonos un tinto, seamos amigos”, invitando a todos nuestros visitantes, amigos y los que no lo son, a leer con detenimiento el artículo del profesor Carlos Armando a quién desde ya felicitamos y damos todo el crédito.

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El significado del Conflicto y la necesidad de Reconciliarnos

Por Carlos Armando Uribe Fandiño – Director de Asuntos Gremiales

El profesor frente al tablero nos preguntó que entendíamos nosotros por conflicto y por reconciliación. Pienso que las respuestas que dimos fueron coherentes con la violencia de más de cinco décadas que lleva Colombia y de diferentes grados de desconfianza que imperan en las relaciones entre los Colombianos. Por eso el profesor fue escribiendo sinónimos de la palabra conflicto que nosotros le expresamos: Violencia, enfrentamiento, destrucción, balas y muerte. Muy pocos pronunciaron expresiones como oportunidad, aprendizaje, opción, estímulo y diálogo.

En realidad la mayoría de los que opinamos nunca nos salimos del concepto del conflicto propio del entorno y ni siquiera nos aproximamos a los conflictos nuestros y a los generados en las relaciones cotidianas. La violencia como decía Martín Luther King, nos ha llevado a una reflexiva conclusión: “hemos aprendido a volar como los pájaros y a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el arte de vivir como hermanos”. Así mismo el Profesor también nos preguntó qué entendíamos por Reconciliación. Las respuestas se acercaron a ceder espacios, renunciar a conceptos, a callar, pero también a olvido, mediación, apaciguamiento, armisticio, arreglo y entendimiento. Las respuestas se dieron desde varias miradas, incluyendo la relación entre los seres humanos y la reconciliación desde lo político. Incluso alguien preguntó qué estaba primero, si la resolución de un conflicto o la reconciliación.

Sin embargo, no es solo la influencia del entorno la que nos ha llevado a emitir conceptos equivocados de lo que significa la palabra conflicto y de lo que es reconciliación, también lo es la apatía por la búsqueda de los significados correctos. Quizás la peor enfermedad de este siglo es la insensibilidad o lo que otros llaman hoy “el síndrome de la indiferencia adquirida”. Hablemos entonces del conflicto, pero no lo llamemos así. Digámosle diferencia o desacuerdo, pero fundamentalmente entendamos que un conflicto es inherente a la sociedad, que en donde hay vida hay conflicto, que el conflicto se constituye en una posible fuente de cambio, que no implica ruptura de la interacción y que “la nueva mirada del conflicto implica atender, entender y actuar sobre situaciones cotidianas que podrían producir muchas más muertes y sufrimientos que las mismas guerras”.

No es retórica gratuita, pero dichos aprendizajes se pueden resumir en aprender a: No agredir a los demás, a comunicarse, a interactuar, en aprender a decidir en grupos, en cuidarse con autoestima y respeto, en cuidar el entorno y en aprender a valorar el saber cultural. De igual manera el Profesor nos compartió el significado de la palabra reconciliación y nos dijo que era una palabra de origen latino que significaba “la acción y el efecto de volver a unirse”. Además mencionó que el prefijo “re” se utiliza para indicar “hacia atrás”, que “concilium” es sinónimo de “asamblea” y que “cion” se emplea para establecer “acción y efecto”. Desde lo político y citando a Ugarriza, Investigador Colombiano, la reconciliación se refiere a “una dimensión, en la que individuos o grupos de una sociedad hacen un reconocimiento mutuo del sufrimiento pasado y cambian sus actitudes y comportamientos destructivos por relaciones constructivas para la estabilidad política”. Eduard Vinyamata, profesor Español de Conflictología dice que “reconciliación es un proceso en el que las partes involucradas en un conflicto inician una relación que les lleva a una comunicación con reconocimiento y sientan las bases para un pacto tácito, espontáneo y voluntario de amistad”.

El profesor también explicó que la reconciliación es una reunión amistosa posterior al conflicto entre oponentes que restauran una relación social alterada por el conflicto. Pero desde el día a día, desde lo humano, la reconciliación busca que la amistad y la concordia entre dos personas se restablezca. Por falta de una adopción en la práctica de los valores, muchos piensan que los conflictos guardan una estrecha relación con la violencia y que en mayor o menor medida, el uso de la violencia es inevitable a la hora de abordar y tratar un conflicto. Esta visión negativa del conflicto se ve infortunadamente necesaria y hasta justificable para hacer respetar nuestras opiniones y derechos y es la forma promedia que muchos Colombianos utilizan para resolver sus diferencias familiares y sociales. Por supuesto, para que la reconciliación impere, el conflicto hay que mirarlo como un desacuerdo en donde nunca se deben violentar nuestras relaciones hasta que alguien domine a los demás y en donde acercarnos y unirnos en las diferencias, puede tener como resultado una paz estable y duradera.

Actitudes intolerantes no fomentan necesidades como la de reconciliarnos. Para estas últimas semanas de 2016, debemos desde cada uno de nuestros roles entender con una mirada de país, el significado verdadero de lo que es un conflicto y la voluntad personal y política de reconciliarnos. Nos quedan varias salidas y una de ellas es la que propuso el profesor que coordinó esta charla pedagógica y que debe ejecutarse con agilidad: educar, educar y educar. Dos citas para cerrar esta reflexión. Una de de Isaac Newton cuando dijo: “Los hombres construimos demasiados muros y no suficientes puentes, y la del Papa Francisco: “El primero en pedir disculpas es el más valiente, el primero en perdonar es el más fuerte, el primero en olvidar es el más feliz”.

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